"Antes de seguir camino para el sur nos deparaba una gran sorpresa. Un grupo de Tijuana iba a ir con Isaac, el otro hijo de doña Socorro, al oasis de la Misión Santa María.
Se trata de un oasis en pleno desierto, con palmeras, pozas y agua corriendo. Era un lugar que no nos queríamos perder por nada del mundo, uno de nuestros sueños.
Ya nos habíamos resignado a ir por el coste que suponía, pero Doña Socorro y el Chavas nos dijeron:
"¿Quieren ir?"
"¡Por supuesto!"
"Pues ya saben irán apoyando a nuestro hijo Isaac"
Isaac nos permitió ir y la familia nunca quiso que pagáramos un centavo.
El día anterior preparó el coche junto a el Chavas y Gypsi.
Al día siguiente temprano preparamos la comida y cargamos la pick up hasta arriba con las mochilas, congeladores, agua y tiendas de campaña.
El grupo echó a caminar y nosotros fuimos a terminar de comprar algunos víveres, de dejar todo listo y salimos para el oasis.
El camino se perdía en seguida por arroyos y arbustos. El 4 x 4 pasaba botando y sin problemas.
Gypsi y Coral, la perra de la familia iban detrás encima de todos los trastos. Amarrados como podían al coche o a las cuerdas que ataban los bultos.
Al rato encontramos a los senderistas, parábamos en ocasiones para hidratar a los que caminaban o apoyarlos. Una señora, Oti, subió con nosotros.
¡ Menuda aventura nos esperaba a partir de ahí! Si el camino era escabroso antes, a partir de un mirador dónde se veía el mar de Cortés ni se imaginan.
A cada rato Isaac paraba el coche antes de las bajadas para preparar el terreno. Movíamos piedras para pasar mejor. ¡ En una de esas el coche voló por los aires por un segundo!
Llegamos al primer palmeral y tuvimos que mover dos palmeras caídas que obstruían el paso.
Entonces llegamos a la Misión Santa María que era sólo ruinas.
Continuamos por el arroyo, por las rocas hasta que llegamos a otro palmeral y ahí montaríamos el campamento.
Nosotros decidimos ir esa misma tarde a las pozas y dormir allí pues traíamos nada más el saco de dormir.
Cuando hay sequía hubiera sido peligroso e irrespetuoso pues los animales acuden allí a beber agua.
Ahora había agua en muchas partes tras las últimas lluvias y estos podían tomar agua de otros lugares.
Caminamos un rato y llegamos a una cascada, desde ahí se veía la primera poza y la más grande.
Atamos una cuerda a una piedra, bajamos en rappel y de ahí uno decidía si entrar al agua o desescalar una roca.
Pasamos una noche rodeados de estrellas.
El día siguiente se amenizó con los del grupo descubriendo más pozas y bañándonos, en la noche volvió la oscuridad y el silencio en nuestro oasis.
El regreso fue sin duda otra aventura, esta vez otros fueron uniéndose al pick up y haciendo un trozo de recorrido con nosotros, el calor era infernal y el retorno caminando cansado.
En las subidas bajábamos de la pick up para preparar el terreno y que Isaac subiera con el coche más ligero. En una de ellas nuestra cámara de fotos salió disparada por la ventana y fue aplastada por una de las ruedas del todoterreno.
Justo lo vimos todos y al rescatarla no funcionaba y la pantalla estaba partida. Una vez más relajados en la combi, ¡ comprobamos que seguía funcionando más o menos!"
©Lulu von Boom. Todos los derechos reservados




















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