"Llegar al aeropuerto de Barcelona tras un día en ruta, sucios después de un año y medio de viaje, morenos del sol de México y con ropas que ya sobrepasaron sus lavados fue un choque cultural.
Al salir por la puerta del aeropuerto sentí un viento fresco y seco, la humedad del Caribe había desaparecido y el frescor de la tarde se metía por todos los poros de la piel.
Nuestro amigo Aleix, gran escalador y viajero nos recibió con los brazos abiertos y no se molestó por nuestro aspecto.
De camino a su casa nos encontramos con el mismo mundo que dejamos atrás hace un tiempo pero todo nos resultó nuevo a nuestros ojos, moderno, civilizado y limpio.
Nos recibieron amigos con rica cerveza, comida abundante, una ducha de agua caliente y un sofá cama para dormir. Estábamos en la gloria.
Ver de nuevo la familia fue muy emotivo. Pronto iniciamos una nueva rutina pero nunca nos dejó de sorprender en esos tres meses que la nevera sacara cubitos de hielo con presionar un botón , que las sábanas se cambiaran cada semana y que la ducha estaba esperando en cualquier momento del día.
En casa de Jaume, él comenzó a trabajar en su rocodromo en las tardes y en el día aprendió a hacer macramé, yo leí y cociné mucho en esos días.
Comíamos con los abuelos o con los papás, cenábamos con amigos y salíamos el fin de semana a la naturaleza cuando tanta civilización nos superaba.
Pronto acabó mi tiempo allá y me fui para el sur a ver a los míos..."
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Os queremos y extrañamos























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